Nuestra visión tridimensional del mundo se genera gracias a que tenemos dos “cámaras” para recepción de luz, la imagen obtenida por cada ojo es interpretada por nuestro cerebro quien al integrar en una sola imagen nos da la profundiad. Este hecho es utilizado por recursos como el cine en 3D en sus diversas formas. Los lentes polarizados que filtran una parte de la imagen para un ojo y otra para el opuesto, los lentes de colores -rojo y azul- cuya función es básicamente la misma pero en lugar de tener dos imágenes polarizadas tenemos dos imágenes en “canales” de colores diferentes.
Sin embargo, existe una técnica simple que no implica el uso de lentes y que podemos improvisar sin demasiado problema. A continuación la muestro utilizando una cámara automática -no DSLR- sin tripié.
Para quienes recuerden los “estereogramas” el camino a seguir es obvio, los estereogramas son imágenes basadas en formas repetitivas que requieren que uno haga un “cruce visual” para poder obtener una imagen tridimensional, aquí un ejemplo:

No es el más fácil de visualizar -son dos delfines-, pero los puntos superiores son una buena guía. Lo que se hace es cruzar la linea de visión -hacer bizcos- hasta que los dos puntos superiores se vuelvan uno solo, en ese punto, la imagen tendrá “tercera dimensión”.
Aquí otro ejemplo:

Los estereogramas previos son del tipo “convergente”, al hacer el cruce visual, generando una tercera imagen ubicada en el punto central ésta es interpretada por nuestro cerebro con tres dimensiones. Es decir, la disparidad entre ambas imágenes sobrepuestas es interpretada por nosotros como un diferencial en la profundidad.

También existen los estereogramas divergentes, pero estos deben hacerse en material transparente como acetato.
Ahora, ya que sabemos visualizar los estereogramas podemos crear nuestras fotografías 3D. Lo que necesitamos son dos imágenes, del mismo objeto o lugar tomadas de lugares y “ángulos” distintos. Para facilidad podemos utilizar la distancia de nuestros propios ojos como fotógrafos, es decir, tomar la misma fotografía pero vista desde la posición inferior de nuestro ojo derecho y luego desde la posición inferior de nuestro ojo izquierdo. Trata de evitar la inclinación de tu cámara. Esto te dará dos imágenes distintas del mismo objeto que después deberás procesar en photoshop o tu editor favorito.
Lo que debes cuidar en el editor es que las áreas de corte de ambas imágenes sean las mismas para que tengas la misma imagen representanda una al lado de la otra pero iguales en tamaño y posicionamiento central.
Aquí les muestro fotos improvisadas que muestran lo menos que puedes obtener sin mucho esfuerzo.






Por supuesto, la versión más cuidada de esta técnica implica el uso de un tripié para asegurarnos de que la horizontal se conserve y utilizar una cámara fotográfica con exposición manual para tener exposiciones iguales en ambas imágenes.
Aclaro también que el proceso de visualización de estas imágenes es cansado y que si se tienen problemas con la musculatura del sistema visual es mejor no practicar esta técnica.






